El Sendero de los Ocres, en Roussillon

El modesto pueblo de Roussillon, situado en el corazón de los mayores depósitos de ocre en Europa, al suroeste de Francia, debe su fama al sendero que recorre los bosques contiguos a la villa, conocido como ‘Le Sentier des Ocres’, traducido como el Sendero de los Ocres en español.

Con una superficie de aproximadamente 30 km² y sin llegar a los 1.500 habitantes, el pueblo de Roussillon se vuelca en su principal lugar de interés, el Sendero de los Ocres, un precioso recorrido en los propios acantilados contiguos a la villa donde se pueden encontrar 17 matices distintos del material ocre, que van desde el dorado hasta el rojo más vivo, pasando por tonos amarillentos.

La leyenda que se cuenta en Roussillon para explicar la peculiar mezcla de colores en su sendero tiene que ver con la esposa de Raymond de Aviñón, que se suicidó dejándose caer por el acantilado, dando ese tono rojizo con su sangre. Pero dejando a un lado la imaginación, la pigmentación del terreno, formada por arena arcillosa y óxido de hierro, se explica por la sucesión de períodos sedimentarios y de oxidación que tuvieron lugar durante el Cretácico.

La época dorada de Roussillon comenzó a finales del siglo XVII con la explotación de los ocres, en la que se llevó a cabo un acuerdo comercial con Oriente para exportar sus pigmentos, realmente cotizados. El descubrimiento de los colorantes químicos en el siglo XX puso fin a la mejor época del pueblo.

Gracias a la explotación de las canteras, podemos disfrutar de un paisaje único, digno de entrar en la selección de Los Pueblos más bonitos de Francia. Hoy en día se puede seguir comprando ocre en Roussillon, pero su elevado precio hace que se considere como un producto de lujo.

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